El proceso de escribir entre dos mundos
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Escribir Mi Colombia Pecadora fue un acto de valentía y vulnerabilidad. Cada palabra nació de la distancia y el anhelo, de esas madrugadas en Tel Aviv cuando el recuerdo de Colombia me mantenía despierta.
El proceso de escritura fue tan intenso como la historia misma. Hubo capítulos que escribí llorando, otros riendo, y algunos que tuve que dejar reposar durante meses antes de poder enfrentarlos de nuevo. La honestidad brutal que requiere la narrativa autobiográfica es agotadora.
Uno de los mayores desafíos fue escribir en español, un idioma que aprendí por amor. Cada frase tenía que sonar auténtica, con el ritmo y la cadencia de una lengua que adopté como propia. Mi formación en el Instituto Cervantes me dio las herramientas, pero fue Colombia la que me dio la voz.
El libro fue publicado dos semanas antes de desatarse una guerra de orden mundial en Israel. Esta coincidencia le dio a la obra una dimensión que yo no había anticipado. La historia de amor y distancia adquirió un significado aún más profundo.
A quienes me preguntan cómo se escribe un libro entre dos mundos, les digo: con el corazón dividido pero completo. Porque a veces, es precisamente la fractura la que deja entrar la luz.